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Hoy la pérdida de patentes, menos blockbusters, regulaciones sanitarias más demandantes, preocupación por el gasto, nuevas formas de distribucion, y fusiones… La industria farmacéutica es hoy un mundo en transición, en plena búsqueda de nuevos modelos de negocio y comercialización
El futuro de la Industria Farmacéutica.
Tomado de varias fuentes:
Los expertos señalan que el mercado farmacéutico duplicará su valor en 2020, sin embargo será muy importante un cambio en el modelo empresarial de dicha industria pues podrían muchas estar en riesgo de no aprovechar estas oportunidades de negocio. Las predicciones de una prestigiosa consultora (PWH)sobre el sector siempre se han cumplido. En su último informe comenta a los laboratorios la necesidad de establecer alianzas con los nuevos protagonistas del negocio farmacéutico: autoridades regulatorias, gobiernos, investigadores, pacientes y economías emergentes.
Pharma 2020 The Vision-Which Path will you Take?
La era de los medicamentos 'superventas', aquellos capaces de recaudar mil millones de euros en el primer año de su salida al mercado, tiene muy pronto una fecha de caducidad. También se acerca la edad de 'jubilación' para los ejércitos de comerciales que visitan reiteradamente al médico con el objetivo de convencerle de las ventajas de un determinado producto. Son dos de los emblemas del actual modelo empresarial de la industria farmacéutica que se tambalean. Y no serán los únicos. Un informe de la consultora PricewaterhouseCoopers sobre el futuro a corto plazo de este sector augura cambios revolucionarios en la estrategia de las multinacionales del medicamento. Las condiciones del mercado cambian a paso de gigante. El laboratorio que quiera seguir siendo rentable tendrá que transformar su 'modelo de negocio '.
¿Se acabaron los buenos tiempos para la industria farmacéutica? La respuesta de los analistas del mercado del medicamento es que las perspectivas de crecimiento nunca han sido mejores. El valor mundial de éste duplicará al actual en 2020 hasta alcanzar los 1,3 billones de dólares, según un nuevo informe sobre el futuro del sector realizado por PricewaterhouseCoopers (PWC).Pero la misma consultora advierte de que las multimillonarias tasas de retorno económico, inexistentes en otros sectores, serán diferentes. Habrá rentabilidad, sí, pero no a gran escala.
Y es que el sector se enfrenta a una crisis debilitando sus fuerzas por un lado : su capacidad para innovar es cada vez más limitada aun cuando dedica crecientes sumas a la investigación , sus gastos en marketing y publicidad son cada vez más altos y su reputación y confianza social está dañada. ( ya no es hoy en día la industria con mayor honradez, según dicen las encuestas ) y cada vez el paciente o usuario final esta en busca de unos precios que no dañen sus economías.
Nuevas oportunidades. Cambios demográficos, epidemiológicos y económicos están redibujando este mercado.
La población mundial envejece (en 2020 cerca del 10% de los ciudadanos del planeta habrá cumplido 65 años) Aparecen nuevas enfermedades y necesidades médicas y consumirán más fármacos en gente que ya no es económicamente activa ,pero, sobre todo, se incrementará la clientela en los países en vías de desarrollo. Se prevé que, en 2020, Brasil, China, India, Indonesia, México, Rusia y Turquía (los mercados emergentes del grupo E7) concentren la quinta parte de las ventas mundiales de medicamentos. El ritmo de aumento de venta será mayor en esas zonas: si en los países (EEUU y potencias europeas) el mercado crecerà de un 5% a un 7% anual, en los E7 se espera que lo haga al 10% o 15% en la próxima década.
La industria «no estará en buena posición para aprovechar estas oportunidades a menos que mejore su productividad en investigación y desarrollo [I+D]. El actual modelo empresarial es claramente insostenible», advierte Rafael Rodríguez, socio responsable del Sector Farmacéutico de PWC.
Investigación poco productiva. Los números lo demuestran. En 2006, la inversión en investigación biofarmacèutica alcanzó la cifra récord de 55.200 millones de dólares en EEUU, país que concentra el 75% del desembolso global en este área. Pese a ello, la agencia estadounidense del medicamento, la FDA, únicamente autorizó la comercialización de 22 nuevas moléculas, menos de la mitad de las aprobadas 10 años antes con una inversión en I+D por debajo del 50% respecto a la actual.
Las perspectivas no son halagadoras. El 90% de los beneficios de las principales compañías procede de la venta de productos que llevan más de cinco años a la venta, cuya patente está próxima a expirar.
La evolución en el mercado bursátil también muestra síntomas del desgaste. Entre 1985 y 2000, el valor del sector farmacéutico se multiplicó por 85, superando en ocasiones el del mercado de acciones mundial. Desde entonces, el globo se ha ido deshinchando: el índice FTSE Global Pharmaceuticals creció un 1,3%, mientras el Dow Jones un 34,9%.
Cambio de enfoque. Hasta ahora, la base del negocio residía en desarrollar medicamentos para tratar enfermedades. El rumbo, según PWC, debe cambiar. Uno de los objetivos del futuro debe ser la prevención.
Es claro que los gobiernos dediquen cada vez más fondos a introducir medidas para preservar la salud , y disminuir el gasto por salud de sus poblaciones .El gasto hospitalario representa un % más alto del gasto que en medicamentos.
No obstante, a la hora de meter la tijera, el medicamento es el objetivo más sencillo. Y no parece que las cosas vayan a cambiar en este sentido, sino más bien todo lo contrario. Por un lado, se aventura el fin de la 'burbuja farmacéutica' de EEUU, el principal mercado de las multinacionales. Con los demócratas en el edificio del Capitolio, la libertad de precios de la que gozan los laboratorios en este basto territorio puede peligrar. En concreto, a través de dos propuestas: la de introducir un sistema nacional de salud para cubrir las necesidades sanitarias de los más de 40 millones de estadounidenses que ahora no cuentan con seguro médico y la que quiere conferir a los gobiernos federales la potestad de negociar precios para los beneficiarios de Medicare, el programa público de asistencia para mayores de 65 años.
Por otro lado, cada vez más países establecen organismos para corroborar que los nuevos productos realmente ofrezcan una diferencia con lo disponible y justificar por tanto que la relación costo-beneficio exista, sino quedan fuera del sistema.
Nuevos protagonistas. Para muchos analistas, la industria deberá someterse a una cura de humildad. Ya no será el único actor en el desarrollo de los medicamentos. Crecerá el protagonismo de los organismos proveedores de los servicios de salud. De hecho, la libertad de prescripción del médico es cada vez menor, ya que abundan los protocolos de tratamiento, una suerte de libro de instrucciones sobre cómo y con qué tratar cada dolencia.
El paciente ganará peso por distintos motivos. Aumentará el número de fármacos disponibles sin receta y con ellos la costumbre de auto-medicarse. Esta tendencia exigirá un paciente más informado y, ahí, las compañías tendrán que desarrollar nuevas estrategias dirigidas al paciente, buscando cumplimiento en las terapias que garantice ingresos mayores . ( entre 14 y 21 % de las terapias son incumplidas)
¿UN NUEVO MODELO?
No todos coinciden en cuál es el nivel de desgaste del modelo empresarial vigente. La cuestión es ¿por dónde empezar la transformación?
Para PWC, el futuro pasa por trabajar en alianza con los nuevos protagonistas del mercado desde el inicio del proceso, desde que la molécula empieza a investigarse. Actualmente, muchas compañías intentan reducir el riesgo de la inversión en investigación comprando las patentes de productos desarrollados por pequeñas empresas de biotecnología o en centros universitarios de los países desarrollados..
Donde los cambios deben ser más radicales es, sin duda, en el proceso de desarrollo del fármaco. Esta actividad consume actualmente entre ocho y 10 años y alrededor de mil millones de euros por producto. Y muchos sucumben antes de llegar al mercado. Para PWC, este sistema se irá sustituyendo paulatinamente por otro en el que el desarrollo de una sustancia candidata se pactará previamente con las agencias reguladoras, en función de las necesidades sanitarias detectadas.
Se llevarán a cabo ensayos clínicos de colaboración y el fármaco se irá probando progresivamente en un mayor número de pacientes mediante licencias de venta 'en vivo' que, se concederán en función de un control exhaustivo de los resultados del tratamiento en grupos seleccionados de usuarios, identificables mediante análisis genéticos. El objetivo es acortar el plazo en el que la empresa empieza a obtener ingresos y reducir el coste de las inversiones.
El resultado ya no serán productos 'superventas' con potencial para ser utilizados por millones de pacientes, sino terapias personalizadas, idóneas para pequeños grupos de afectados por un tipo específico de dolencia, que se identificará igualmente mediante diagnóstico genético y marcadores biológicos, un campo que constituirá un nuevo nicho de mercado. «Las farmacéuticas venderán paquetes integrados de medicamentos y servicios, que podrán valorarse incluso más que las propias medicinas», subraya la consultora.
Claro que los laboratorios necesitarán aliados que les ayuden en su transformación. Además de voluntad, algunas reformas precisan cambios legislativos y políticos. Y hay indicios en este sentido. Un ejemplo, es el de la agencia europea del medicamento, la EMEA, que ya recurre a la fórmula de la autorización 'condicionada' para estimular a la industria a desarrollar fármacos para dolencias 'huérfanas', enfermedades raras o poco frecuentes que no disponen de tratamiento.
Otro punto clave es la posibilidad de unificar los criterios de autorización a nivel internacional. En un mundo globalizado gracias a las tecnologías de la información, ¿no sería suficiente contar con una sóla agencia reguladora a nivel mundial? o ¿con una única entidad evaluadora? Ahora las farmacéuticas gastan enormes cantidades de tiempo y dinero en cumplimentar los trámites burocráticos para obtener los permisos de venta en distintos territorios geográficos.
Y, por último, adiós a las huestes de comerciales y visitadores médicos. Los galenos ya no son el único cliente. El nuevo profesional de la industria será un gestor de cuentas que trabajará codo con codo con los consumidores, las asociaciones de pacientes, los gobiernos y las agencias reguladoras y llegará a acuerdos con estos grupos para identificar nuevos nichos de mercado y defender las bondades y el precio de su producto aportando servicios adicionales que hagan más rentable su uso (desde test de diagnóstico para reconocer a los pacientes candidatos hasta programas para fomentar el cumplimiento de las terapias).
La industria farmacéutica creció inmensamente en EUA no sólo con la llegada de fabricantes de medicamentos europeos atraídos por el mercado libre, sino también gracias a la amplia permisibilidad que ofrecían a las empresas en cuanto a la fijación de sus propios precios para los productos que fabricaban. De allí que no es una coincidencia que más de la mitad de las ganancias de las empresas farmacéuticas líderes provenga de EUA.
Si bien, en el pasado, era incuestionable pensar que el futuro de la industria podía desplazarse hacia los mercados emergentes, debido al sistema debilitado de protección de patentes y al bajo porcentaje de ganancias allí, en la actualidad varias gigantes farmacéuticas han descartado esa concepción e incluso han hecho reestructuraciones, han adquirido otras empresas y establecido acuerdos de licencias innovadoras con otras fabricantes de genéricos en China y la India. El crecimiento de los mercados farmacéuticos en los países en desarrollo es tal que incluso se predice que las ventas puedan llegar a US$ 300 mil millones para 2017 lo que equivale a las ventas actuales de los cinco mercados más importantes de Europa y EUA. También se estima que estos mercados crezcan mucho más rápido que las economías ricas.
La duda es si las farmacéuticas serán capaces de someterse a esta metamorfosis. ¿Y quiénes serán las que aprovecharan??
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